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Oscar Amaya Armijo
Sólo la restitución del Presidente Zelaya a la Presidencia de la Repùblica, dejando a un lado la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente sería nada más recomponer el Estado de Derecho de la oligarquía hondureña.
Entonces, de nada habría servido tanto sacrificio. No hemos andado en la calle para sacarle las castañas del fuego a una oligarquía que nos robó todo, hasta el agua que les compramos. Ellos, con el golpe de Estado, destruyeron su propio estatuto burgués, la constitución de su república maquilera.
Como la oligarquìa destruyò su propio estatuto legal, habrá que redactar otro que refunde el país sobre la base de la equidad, el bien común, la solidaridad humana, el respeto al hombre y la naturaleza. Estos altos objetivos solamente se logran convocando la Asamblea Nacional Constituyente, y para ordenar la caótica situación, heredada por los irresponsables que destruyeron el país.
No hay vuelta de hoja:el enorme daño que los golpistas le infligieron al país requiere de enormes esfuerzos para subsanarlo, y que tienen que ver, además, con una recomposición del entramado que constituye la sociedad hondureña. Hay que remover los escombros y construir una nueva Honduras, con relaciones sociales incluyentes.
Pero este propósito es rechazado por la oligaquía: lo demuestra la imposición del Estado de Sitio con su secuela represiva. Ellos, en realidad, aceptarían la restitución de Zelaya Rosales, pero olvidandonos de la Constituyente.
Los oligarcas no le temen a Mel, le temen al accionar contundente de la Resistencia y con ella,a la Constituyente y sus lógicas consecuencias. Creen que con un leve cambio en las reglas del juego, mermarán sus enormes ganancias que les privilegia el capitalismo salvaje.
El otro gran problema, además de la constituyente, es que las reglas del juego político cambiaron: hoy estamos en los umbrales de la conformación de un frente político con una diversidad de fuerzas que derrotará al único cotendiente que se vislumbra: el ultraderechista Partido Nacional.
A ese nuevo panorama político también le teme la oligarquìa.Se sienten acorralados, por eso usan la fuerza bruta, salvaje, para disuadir a la Resistencia.
En conclusiòn, más allá de la légitima aspiración de restituir a Zelaya, resalta la necesidad de convocar a la Asamblea Nacional Constituyente, cambiar las reglas del juego político y realizar las profundas transformaciones econòmicas y sociales que requiere el país.Entonces, el sacrificio no habrìa sido en vano.
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